Celebraciones inesperadas
Una de las primeras cosas que uno aprende cuando está embarazada es que la medida exacta de la espera no llega en los esperados 9 meses, sino en semanas. 40 semanas es el cálculo que se hace para darte una fecha esperada de parto. Son 40 semanas las que necesita un humano para estar perfectamente listo para salir al mundo.
Pero para esto - como para otras tantas cosas en la vida - también hay margenes de error. Para ser exactos, más o menos dos semanas. Si el bebé decide que quiere nacer un par de semanas antes o después, todo se considera bajo control. Los órganos se espera que ya estén en su momento óptimo de desarrollo, y hasta dos semanas después también está todo preparado para que el bebé siga adentro sin que necesariamente le falte ni alimento, ni espacio.
En el sistema de salud holandés, uno debe por fuerza tomarse por lo menos cuatro semanas de descanso antes de la fecha esperada de parto. Es una forma de disminuir los riesgos laborales en general. Para mi, fue la manera de comenzar a crear un espacio definitivo en todo para la llegada del pequeño. La oportunidad de tener un poco de descanso y reflexión antes del terremoto.
Pero casi al final de la semana 37, la cara de mi comadrona me dijo que algo no iba como ella esperaba. Lo que yo esperaba que fuera una revisión rápida, casi de rutina, se convirtió en una peregrinación de oficinas y consultorios que terminó en un hospital al que yo no quería ir esa tarde.
A principio de la semana 38 me confirmaron que, si bien X no estaba haciendo ningún movimiento para salir de su tranquilidad uterina, tendríamos que interrumpirla nosotros porque por alguna razón había dejado de crecer. "A estas alturas", me dijeron, "es mejor tenerlo afuera y monitorearlo que dejarlo adentro".
Esta semana, X y yo cumplimos 38 semanas de conocernos afuera del útero. Lo comentaba el otro día con su padre, que no me parece para nada lo mismo. Mientras el embarazo me pareció largo, extendido, casi eterno, estas 38 semanas se me han pasado con una velocidad que no esperaba. "Acuérdate", me respondió Gijs, "que el embarazo es espera... y después es estar aquí, todo aquí, todo el tiempo".
No voy a decir que han sido las 38+38 mejores semanas de mi vida - quizá sí han sido de las que han tenido más sorpresas en menos tiempo. Todos los días, cada mañana, cada noche, sé que descubriré algo nuevo. Y esa espera, la de la novedad, me sigue llenando de gozo.
Un poco como en celebración de aniversario, recupero este blog con el intento de hacerlo más frecuente. Me doy cuenta con X que las cosas hay que hacerlas en su momento. Y siento que por esperar la forma más adecuada, las palabras más justas, se me han pasado cientos de cosas que contar (la mujer de hoy en el tram que me dijo que ver a X sonreir le había devuelto la calma, mi angustia la semana pasada sobre si se sentirá mexicano además de holandés, el agotamiento que hace días casi me hace acostarme a dormir en el suelo de mi oficina después de dejarlo en su escuelita, el desconcierto del lunes cuando casi grita de felicidad al ver a la maestra y se va en sus brazos sin chistar de que yo me voy...). Lo de ser mamá me está moldeando la vida. Y me gustaría, por él y por mi, anotar estas cosas.
Para celebrar sus 38 semanas, el pequeño puede sostenerse sentado durante algunos minutos. Felicidades, pequeño amor mío. Aquí seguimos contando la historia.
Pero para esto - como para otras tantas cosas en la vida - también hay margenes de error. Para ser exactos, más o menos dos semanas. Si el bebé decide que quiere nacer un par de semanas antes o después, todo se considera bajo control. Los órganos se espera que ya estén en su momento óptimo de desarrollo, y hasta dos semanas después también está todo preparado para que el bebé siga adentro sin que necesariamente le falte ni alimento, ni espacio.
En el sistema de salud holandés, uno debe por fuerza tomarse por lo menos cuatro semanas de descanso antes de la fecha esperada de parto. Es una forma de disminuir los riesgos laborales en general. Para mi, fue la manera de comenzar a crear un espacio definitivo en todo para la llegada del pequeño. La oportunidad de tener un poco de descanso y reflexión antes del terremoto.
Pero casi al final de la semana 37, la cara de mi comadrona me dijo que algo no iba como ella esperaba. Lo que yo esperaba que fuera una revisión rápida, casi de rutina, se convirtió en una peregrinación de oficinas y consultorios que terminó en un hospital al que yo no quería ir esa tarde.
A principio de la semana 38 me confirmaron que, si bien X no estaba haciendo ningún movimiento para salir de su tranquilidad uterina, tendríamos que interrumpirla nosotros porque por alguna razón había dejado de crecer. "A estas alturas", me dijeron, "es mejor tenerlo afuera y monitorearlo que dejarlo adentro".
Esta semana, X y yo cumplimos 38 semanas de conocernos afuera del útero. Lo comentaba el otro día con su padre, que no me parece para nada lo mismo. Mientras el embarazo me pareció largo, extendido, casi eterno, estas 38 semanas se me han pasado con una velocidad que no esperaba. "Acuérdate", me respondió Gijs, "que el embarazo es espera... y después es estar aquí, todo aquí, todo el tiempo".
No voy a decir que han sido las 38+38 mejores semanas de mi vida - quizá sí han sido de las que han tenido más sorpresas en menos tiempo. Todos los días, cada mañana, cada noche, sé que descubriré algo nuevo. Y esa espera, la de la novedad, me sigue llenando de gozo.
Un poco como en celebración de aniversario, recupero este blog con el intento de hacerlo más frecuente. Me doy cuenta con X que las cosas hay que hacerlas en su momento. Y siento que por esperar la forma más adecuada, las palabras más justas, se me han pasado cientos de cosas que contar (la mujer de hoy en el tram que me dijo que ver a X sonreir le había devuelto la calma, mi angustia la semana pasada sobre si se sentirá mexicano además de holandés, el agotamiento que hace días casi me hace acostarme a dormir en el suelo de mi oficina después de dejarlo en su escuelita, el desconcierto del lunes cuando casi grita de felicidad al ver a la maestra y se va en sus brazos sin chistar de que yo me voy...). Lo de ser mamá me está moldeando la vida. Y me gustaría, por él y por mi, anotar estas cosas.
Para celebrar sus 38 semanas, el pequeño puede sostenerse sentado durante algunos minutos. Felicidades, pequeño amor mío. Aquí seguimos contando la historia.
Bella mamá. Celebramos contigo estas 38 semanas!!! Mucho amor te mandamos por aquí!
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