Lo que se ve aunque se oculte
Después de la prueba de embarazo, no sabía qué tan rápido quería llamar al médico. Pasado el momento inicial de felicidad, de mirarnos a los ojos con sorpresa, de imaginar que todo iría bien, comenzaron mis pequeños momentos de pánico. De medir cómo me sentía cada minuto. De entrar al lavabo y mirar que no estuviera manchando, que no hubiera nada que pareciera ir en contra de la famosa prueba de embarazo. Y de alguna manera, decirlo, anunciarlo, era como conjurarlo. Y me daba miedo hacerlo.
Al final no pasaron ni siquiera 24 horas. En la consulta del médico - aquí tienes que llamar primero a tu médico general para que te deriven a una comadrona... -, me dijeron que ya podía ir directamente con las comadronas. Llamé y les conté de la prueba. Me preguntaron la fecha de mi última regla y tuve que buscar... habían sido meses de tanto caos. Al final, con un cálculo más o menos aproximado, me dieron cita para finales del mes de noviembre. La idea es que el embarazo se afiance antes de comenzar a darle seguimiento. Me pareció más lógico que nunca.
Con una fecha en la agenda, me prometí a mi misma no angustiarme mucho ni sentirme demasiado feliz. Me convencí a mi misma que lo mejor era mantenerme en un estado intermedio, de paso, de espera. Como vivir en un aeropuerto durante unas semanas en lo que se aceptaba mi visa para algún sitio.
Mi vida siguió su curso ya planificado, mi primer curso en la Universidad - ocupada con conocer la gente, los compañeros, los cursos. De esos días, me queda esta fotografía. Había pasado ya por dos sesiones sin que me gustara ninguna, y la tercera tenía que ser la vencida. Me peiné, me pinté los labios, me puse mi suéter elegante. El fotógrafo me dijo que sí, que yo tenía esa cosa mexicana de Salma Hayek y Frida Kahlo. Yo me reí y me dejé fotografiar, con mejores resultados de los esperados.
Quizá yo quería estar tranquila, cool, alejada de toda emoción. Ahora miro la foto y me doy cuenta que las ilusiones ya se transparentaban. Y al mismo tiempo comenzaban las dos cosas que me acompañarían todo el embarazo - mucho sueño y naúseas permanentes.
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| La foto oficial del sitio de la Uni |
Con una fecha en la agenda, me prometí a mi misma no angustiarme mucho ni sentirme demasiado feliz. Me convencí a mi misma que lo mejor era mantenerme en un estado intermedio, de paso, de espera. Como vivir en un aeropuerto durante unas semanas en lo que se aceptaba mi visa para algún sitio.
Mi vida siguió su curso ya planificado, mi primer curso en la Universidad - ocupada con conocer la gente, los compañeros, los cursos. De esos días, me queda esta fotografía. Había pasado ya por dos sesiones sin que me gustara ninguna, y la tercera tenía que ser la vencida. Me peiné, me pinté los labios, me puse mi suéter elegante. El fotógrafo me dijo que sí, que yo tenía esa cosa mexicana de Salma Hayek y Frida Kahlo. Yo me reí y me dejé fotografiar, con mejores resultados de los esperados.
Quizá yo quería estar tranquila, cool, alejada de toda emoción. Ahora miro la foto y me doy cuenta que las ilusiones ya se transparentaban. Y al mismo tiempo comenzaban las dos cosas que me acompañarían todo el embarazo - mucho sueño y naúseas permanentes.

Asi es un embarazo, lleno de sueño y nauseas por lo menos los mios asi fueron. Me encantontu blog, amiga. Un abrazote
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